El fotómetro busca gris medio, por eso la nieve sale gris si obedeces ciegamente. Suma uno o dos pasos según la hora, dirige la lectura a sombras cercanas o usa medición incidente. Apunta decisiones y resultados, porque tu libreta aprenderá tu cielo más rápido que cualquier manual brillante.
A mayor altura, más UV lavando contrastes y cielos. Un filtro UV modesto protege, pero el polarizador en ángulos correctos limpia reflejos en hielo y agua. Evita oscurecer desigualmente el cielo con encuadres amplios, y recuerda girar lentamente mientras describes en tu cuaderno por qué elegiste cada giro.
Al atardecer, el silencio azul pide exposiciones extendidas. Consulta curvas de reciprocidad de tu película y añade tiempo generoso en sombras heladas. Usa trípode bajo, cable disparador y respiración tranquila. Escribe sensaciones térmicas, viento y latidos; esos datos emocionales te ayudarán a interpretar el negativo con fidelidad después.
Coloca las tiras en la mesa, identifica familias de imágenes y deja que el cuaderno te susurre un orden. Alterna amplitud y detalle, silencio y clímax. Anota descartes sin culpa. Relee semanas después, porque la distancia reorganiza sentidos y devuelve una voz todavía más tuya y nítida.
Usa fundas de polipropileno, cajas libres de ácido y etiquetas claras. Evita humedad y luz directa. Digitaliza en alta resolución y respalda en dos lugares distintos. Fotografía también páginas del cuaderno. El cuidado material es el abrazo largo que permite que tus montañas sigan hablando a desconocidos futuros.
Elige algunas imágenes y fragmentos de tu diario para un boletín mensual, una muestra íntima en un café o una caminata abierta donde leer y fotografiar juntos. Invita comentarios, preguntas, rutas recomendadas y críticas generosas. Construyamos comunidad en torno a lo analógico vivido, paso a paso, con gratitud.